El dilema de un voluntario

Como voluntarios, queremos hacer el bien para los demás, mejorar una situación. Pero, ¿y si somos nosotros los que nos encontramos en una situación en la que no podemos estar seguros de si nuestra presencia es útil? ¿o quizás solo ayudamos a mantener una inaceptable situación existente? Queremos compartir un ejemplo de una experiencia de voluntariado en India.

Lugar: Bangalore (India)
Proyecto: enseñar en un colegio de caridad a niños desfavorecidos y realizar talleres de métodos de enseñanza para sus profesores
Voluntarios: Christine (33, Alemania), Deepak (43, India); ambos con experiencia de docencia, pero ninguno de ellos es profesor en una escuela de manera profesional.

Habíamos encontrado el colegio de caridad S. sin ninguna organización intermediaria. La información en su página web, las entrevistas por Skype y una breve visita de preparación en diciembre de 2014 nos causaron una buena impresión, así que decidimos comprometernos a un voluntariado de seis meses de duración en el colegio en 2015.

Nuestra relación con los estudiantes comenzó de manera positiva en clases para grupos pequeños de estudiantes durante sus vacaciones. Sin embargo, en cuanto empezó el año académico, nos dimos cuenta de varios problemas. La dirección del colegio abordó rápidamente algunos problemas menores referidos a higiene y almacenamiento de materiales peligrosos, mientras que nuestras preocupaciones principales no recibían respuesta: Los estudiantes del colegio estaban durante todo el día en grupos grandes en clases demasiado pequeñas. El papel del profesor se reducía a menudo a «vigilar» a los niños (en la jerga de los profesores). Amenazar a los alumnos, golpearlos con la mano y con palos parecían prácticas comunes pese a que el castigo físico está prohibido por ley en India.

Puesto que la dirección del colegio nos había pedido incluir el tema del castigo físico y métodos alternativos (disciplina positiva) en nuestros talleres para profesores, habíamos esperado su apoyo incondicional después de compartir con ellos nuestros comentarios. Pero, al contrario, no estaban dispuestos a tomar un puesto claro contra estas prácticas prohibidas en frente de profesores, padres y alumnos. Su argumento era el miedo a perder profesores, la esperanza de que los profesores simplemente abandonasen esta práctica si se les daba más tiempo (en su opinión, la violencia es una práctica arraigada en la cultura india) y una creencia más o menos expresada abiertamente de que el castigo físico era en realidad necesario para enseñar a niños de «procedencia complicada». En conversaciones largas y repetidas, intentamos cambiar su opinión, pero no tuvimos éxito.

Mientras tanto, cada vez nos molestaban más y más las prisas durante las primeras semanas de nuestra estancia por parte del departamento de relaciones públicas del colegio para hacer fotos en nuestras clases y su insistencia para que escribiéramos comentarios para su publicación en redes sociales. Nos dio la impresión de que para la dirección del colegio el valor de los voluntarios yacía principalmente en beneficios de publicidad, mientras que nuestra preocupación por el bienestar de los niños se veía como una molestia indeseada.

Por lo tanto, este es nuestro dilema: Era evidente que como voluntarios no profesionales a corto plazo, no estaba en nuestras manos cambiar la situación dando un buen ejemplo y con posteriores conversaciones, puesto que nuestra actitud era opuesta al convencimiento de la mayoría de los profesores y directores del colegio. Llegamos a la conclusión de que seguir trabajando para el colegio bajo estas condiciones supondría aceptar la situación. Por otro lado, ¿no sería mejor quedarnos y hacerlo lo mejor posible? El pensamiento de abandonar a los niños a su suerte nos hizo sentir culpables, principalmente porque algunos de ellos se habían acercado a nosotros con la esperanza de que pudiéramos evitar que sus profesores utilizaran el castigo físico.

Finalmente, decidimos marcharnos del colegio en protesta y buscar ayuda profesional. No consideramos una opción ir a la policía. Nuestro objetivo era cambiar la situación de manera constructiva y y no arriesgarnos al cierre del colegio, donde los niños recibían asistencia básica, como alimentación y ropa. En su lugar, escribimos a UNICEF y a la Comisión Nacional para la Protección de los Derechos del Niño en India (NCPCR, por sus siglas en inglés) pidiendo consejo, pero, desafortunadamente, no recibimos respuesta.

Nos dirigimos a otro colegio en Bangalore, P., con un perfil similar al colegio S. En el colegio P., descubrimos que en sus primeros años se habían enfrentado al mismo problema de uso de violencia por parte de los profesores, pero habían tenido éxito con una política estricta de tolerancia cero. También habían desarrollado una formación especial para profesores, que ahora ofrecen a otros colegios de caridad de manera gratuita. Transmitimos esta oferta al colegio S., pero, como esperábamos, la rechazaron.

Al final, retomamos la enseñanza en el colegio P. y estuvimos allí durante nuestro tiempo restante en Bangalore. Estábamos bastante satisfechos con el trabajo y sentíamos que los profesores y alumnos apreciaban nuestros esfuerzos. Sin embargo, volvíamos la vista atrás a la experiencia en el colegio S. con sentimientos encontrados. ¿Qué más podíamos o deberíamos haber hecho por los estudiantes allí? Más tarde, recibimos más noticias frustrantes: junto con nosotros, otra voluntaria alemana muy joven se había ido del colegio explicando a su organización intermediaria que la razón era la violencia ejercida contra los alumnos. Para nosotros, de manera incomprensible, la organización envió de inmediato a dos nuevos voluntarios al colegio...

No disponemos de una solución al dilema, pero la razón por la que queremos compartir nuestra historia aquí es: las organizaciones benéficas dependen de la ayuda de voluntarios. Creemos que estos nos da, al menos un poco, poder que podemos utilizar colectivamente. Si no vemos ninguna manera de contribuir con un cambio en una organización mediante la ayuda activa, todavía podemos presionar a la organización al retirar nuestra fuerza de trabajo y rechazar contribuir a una fachada publicitaria reluciente.

 

Autora invitada: Christine de Friburgo (Alemania)

* Este artículo sirve solo como referencia para la gente que está interesada en un voluntariado en un lugar específico, pero no podemos garantizar que las organizaciones que aquí se mencionan o representan cumplan los criterios de voluntariado justo de VOFAIR. Echa un vistazo a nuestra página de PROYECTOS para ver proyectos con certificado de voluntariado justo.

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